Navidad fuera de casa

 

navidad

Ya estamos de vuelta después de la primera Navidad de Raúl. Este año, por circunstancias de la vida nos ha tocado pasar estas fechas en Vitoria, en casa de mi abuela. No es lo normal, ya que habitualmente las veníamos celebrando en casa de mis padres.

Y pensaréis: ¿Qué más da en una casa que en la otra? Pues no es lo mismo, y os cuento por qué.

La casa de mis padres es un chalet de dos plantas, grande, en el que tenemos nuestra propia habitación, con una cuna para Raúl y todas las cosas necesarias para el día a día. Mi madre se encargó de equiparla antes de que el pequeño naciera.

En cambio el piso de mi abuela en Vitoria, a pesar de ser grande, no es lo suficientemente amplio como para que nos alojemos en él la familia completa y carece de cualquiera de las cosas que podáis imaginar necesarias para un bebé. De echo estos días hemos hecho vida en el piso de mi abuela, pero dormíamos en un hotel a 100 metros del mismo.

El tema del hotel fue una decisión de mi marido y mía, por supuesto que en casa había más voluntarios para irse a dormir fuera, pero pensamos que era la mejor opción.
Mi familia no se caracteriza precisamente por se silenciosa y comedida. Así que pensamos que la mejor opción para conseguir descansar y no tener que estar peleándonos con todo el mundo para que no vocearan durante la noche era esta. Tened en cuenta que estábamos 10 personas en un piso de 100 metros cuadrados. Además no queríamos ser la causa de que la juerga que cada año se organiza en estas fechas decayera. Ni ser molestia para nadie. Que haya un bebé en la familia no tiene por qué cambiar las costumbres y hábitos.

Así que cada noche le dábamos su bañito y su cena y lo acostábamos en una de las camas de casa de mi abuela. Cenábamos con la familia y después de un ratito de sobremesa, cogíamos a Raúl dormidito, le tapábamos con una manta para que no notara demasiado el cambio de temperatura, y nos lo llevábamos al hotel.

La primera noche el pobre cuando le posamos en la cuna del hotel y abrió un poquito los ojos se despertó como un búho. Normal, no sabía donde estábamos ni qué hacíamos allí. Pero en cuanto visualizó todo lo que tenía cerca, cerró los ojos y siguió durmiendo.

El resto de noches no se molestaba ni en abrir los ojos. El peque entendió que era aquello lo que tocaba y hacía el cambio de cama sin ningún problema y dejándose llevar.

Por la mañana cuando nos despertábamos calentábamos el agua del bibe en el mismo hotel y le dábamos el desayuno allí. Incluso muchos días, después de haber desayunado nosotros también le acostábamos para su siesta matinal antes de volver al piso a reunirnos con el resto de familia, que evidentemente había trasnochado.

Es cierto que salir fuera de casa siempre es una complicación con un bebé tan pequeño como Raúl, pero organizándose todo fluye. En nuestro caso llevábamos las papillas para la comida congeladas de casa y para la merienda le compramos potitos de frutas. Así que allá donde nos pillara la hora de llenar la tripa, íbamos preparados.

Para el baño diario nosotros no vamos a ningún lado sin nuestra bañera, seguro que muchas de vosotras la tenéis siempre a mano. Lo bueno que tiene es que no ocupa nada y es comodísima.  Os pongo una foto para que la veáis.

orange_flexibath_with_support

¿Cómo habéis pasado vosotras la Navidad? ¿Cómo os habéis organizado?