Los cólicos

 

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Somos muchas las madres que nos encontramos en los primeros meses de vida con que los niños tienen episodios de llanto desesperado.

Como es normal en las madres primerizas, estamos perdidísimas y no entendemos que les pasa a nuestros bebés. Y a eso se le suma la angustia que sentimos por no poder o no saber ayudarles.

Yo os aconsejo que lo probéis todo. El bebé puede tener frió, calor, hambre, sueño, fiebre… Probad todo lo que se os ocurra y tened en cuenta que también puede tener cólicos. Tenedlo muy presente por que suele ser común en los bebés recién nacidos.

¿Qué podemos hacer? Lo primero de todo no perder la calma, el bebé llora desesperadamente por que es su modo de decirnos que le pasa algo, no por que se muera de dolor. No podemos perder los nervios por que eso sólo empeoraría la situación. No perdáis de vista que el bebé siente todo lo que sentimos nosotros. Así que mucha calma y relajación.

Para empezar es bueno coger al bebé en brazos. Parece obvio, pero hay madres que piensan, en parte por que es lo que nos inculcan y nos dicen sin cesar, que los bebés se van a acostumbrar a los brazos si les cogen mucho y luego no van a querer estar en la cuna o solos. Debéis saber que los bebés hasta los 3 o 4 meses no se acostumbran a nada, es más, el tenerles en brazos y pegados a nuestro cuerpo les calma mucho más de lo que os imagináis. Pensad que han estado dentro de nosotras 9 meses, calentitos, sin pasar hambre, sin aire, sin apenas ruidos… en una burbuja perfecta. Y de repente salen y sienten un montón de cosas nuevas. El cogerles en brazos hace que vuelvan a sentirse tan protegidos como cuando estaban dentro.

Si tiene cólicos, el cogerle en brazos no le calmará demasiado. Podéis probar a darle un masaje en la tripa. El modo que mejor resultado nos dio en su momento a nosotros fue hacer el recorrido de la foto con dos dedos, como si camináramos sobre la barriguita del bebé con los dedos.

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Ponerle tumbado boca abajo sobre nuestro brazo y masajearle la tripa también suele funcionar.

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Levantarle las piernas hacia la nariz y bajarlas, doblar y estirar las piernecitas… Notaréis que el bebé está mejor cuando le doblamos las piernas y se las mantenemos encogidas.

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Además de estas cosas, suele ayudarles mucho el calorcito en la tripa. Yo os aconsejo, que si estais tranquilas, le tumbéis sobre vosotras, tripa contra tripa.

Si con todo esto se soluciona, genial.

Como ya he comentado en alguna otra entrada, Raúl tardaba en comer cerca de una hora y después, sobre todo por las noches, no había manera de que se durmiera, por que no era capaz de sacar los gases. El pobre niño lo pasaba fatal, y nosotros también.

Así que decidimos ir un paso más allá. Nos habían hablado de un osteopata que por lo visto trataba con éxito el tema de los cólicos del lactante. Sabíamos de gente que había ido y había sido un fracaso absoluto, y también de otros para los que había sido todo un éxito. Y a pesar del riesgo de perder 100 €, nos decidimos a llevarle.

Fueron dos sesiones, separadas por una semana. He de decir que hasta pasados unos días de la primera sesión, teníamos la sensación de haber tirado el dinero. Pero la verdad es que a día de hoy no puedo estar más contenta de haber corrido el riesgo. En pocos días Raúl empezó a eructar mejor y los gases empezaron a desaparecer.

Después de la segunda sesión, Raúl era un niño nuevo. No volvimos a oirle llorar después de las comidas, ni tuvimos ni una sola tarde más de desesperación.

Si alguna mami necesita saber el nombre del osteopata al que fuimos, que me pregunte, que no quiero que parezca que hago publicidad. Sólo quiero transmitir que hay soluciones a situaciones desesperadas y que no hay necesidad de pasarlo mal.

Yo os aseguro que cuando tenga a mi siguiente hijo/a, iré al osteopata según salga del hospital.