Ellos en el post-parto

 

Este es posiblemente uno de los temas más importantes y a los que menos se presta atención.

No se puede perder de vista en ningún momento que antes de ser padres, éramos pareja. Eso no puede cambiar por que tengamos un bebé con nosotros.

Evidentemente, el primer mes o mes y medio, las relaciones sexuales no deberían existir, y aunque os apetezca, muy probablemente os resultarán incomodas o incluso dolorosas.

Según como haya sido el parto, puede llevaros más o menos tiempo la recuperación.

Pero que no haya relaciones sexuales no quiere decir que no podamos tener nuestros momentos de intimidad.

¿A qué me refiero con intimidad? Me refiero a un momento para nuestra pareja, para hablar de nuestras cosas, de cómo nos sentimos, de cómo llevamos la maternidad y la paternidad, para abrazarnos, besarnos, acariciarnos, sentirnos y darnos cariño.

Este rato de intimidad, hace que desconectemos por un momento y pensemos en nosotros, cosa que, por norma, se deja de hacer cuando nace el bebé.
Nos da tiempo para saber cómo está la otra persona, y como estamos nosotras. Muy probablemente, nos dé por llorar algunas veces, o por reír a carcajadas, es normal y sano.

Muchas mujeres con las que he hablado este tema me dicen: “No tengo tiempo, y cuando lo tengo me toca poner la lavadora o recoger la casa o… que luego vienen visitas y ¿cómo voy a tener todo así?” Y yo os digo a todas vosotras: no hay nada más importante en esos momentos que vuestro bebé y vosotros. La casa puede estar desordenada , y la lavadora no hay que ponerla todos los días. Las visitas que se las apañen. Quien vaya a veros recién paridas, de lo que no soy partidaria, tiene que entender lo que es tener un bebé y que la casa esté como está. Y a él que no le guste que no vaya.

No sólo nos afecta a nosotras la llegada del nuevo ser. No hay que perder de vista que ellos son padres, y que como tal sienten el estrés, la falta de sueño, el nerviosismo por no entender lo que le pasa al bebé.

Es importante que les tengamos en cuenta, y les dejemos participar. Ellos, en la mayoría de los casos, quieren acunarle, ayudarle a dormir, bañarle, achucharle y en definitiva formar parte de todo ello. Y a parte de lo importante que es que les permitamos ser padres, que tienen el mismo derecho que nosotras, esto nos libera un poco y nos permite descansar y retomar el aliento.

Sé por experiencia propia lo difícil que es dejarse ayudar al principio. Yo tenía la sensación de que era egoísta si permitía que mi madre se quedara con Raúl un rato para que nosotros durmiéramos la siesta. Me sentía mala madre. Fijaos que tontería. Pero como ya comenté en otra publicación , las hormonas después del parto están revueltas y no nos dejan pensar con claridad.

Los primeros días yo no llevaba muy bien la maternidad, me sentía agobiada y cansada. A penas me había recuperado del parto y Raúl tenía muchísimos cólicos y hambre a todas horas (en otro momento os hablaré de los cólicos y el comienzo de la vida de mi pequeño) lo cual nos daba muy poco tiempo para descansar entre toma y toma.

Tardábamos cerca de hora y media en alimentarle y que sacara los gases, y a la hora y media teníamos que volver a empezar.

Recuerdo a mi marido, sinceramente preocupado por mí, queriendo alimentarle él a base de biberón sólo para que yo pudiera dormir y descansar más de hora y media.

bebe-biberon

El pobre no sabía qué hacer por mí y cómo ayudarme.

Os cuento esto porque muchas veces no somos conscientes de cómo todo esto afecta a nuestras parejas, pero lo hace. Muchas veces estamos todos tan centrados en el bebé que no nos permitimos un momento para hablar y darnos cuenta de lo que necesitamos.

Nuestras parejas no sólo están bajo la presión de la llegada del bebé, sino que están pendientes de nosotras, de que estemos bien, de intentar ayudar… y muchas veces no se lo permitimos.

Yo os animo a todas aquellas que estéis pasando por esta situación actualmente, a que os dejéis mimar un poco y ayudar otro poco, a que les permitáis a los papis hacerse cargo un rato, os aseguro que os sorprenderán.

Nunca me hubiera imaginado que mi marido se pasaría la noche en vela nada más nacer nuestro pequeño, simplemente mirándole, acunándole y disfrutando de su existencia.

De verdad, apoyaros en ellos y dadles la oportunidad, pueden, deben y tienen derecho a ser buenos padres.