Cómo cambiar al bebé a su habitación

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Decidir cuándo sacar al bebé de la habitación de los padres es algo que les corresponde sólo y exclusivamente a estos.

Hay expertos que aseguran que es importante hacerlo antes de los 8 meses ya que es en ese momento cuando lo niños desarrollan la llamada angustia por separación, lo que puede complicarnos la labor.

Pero sinceramente creo que el momento adecuado es cuando los padres están preparados para ello.

La razón es muy sencilla: cuando tomas esta decisión tienes que ser constante y consecuente.

De nada sirve que decidas sacar al bebé de la habitación sin estar segura o por presiones de la gente de tu alrededor si al mínimo quejido de este vas a acudir corriendo y a meterlo en tu cama. Lo único que vamos a conseguir de esta manera es lo contrario a lo que queremos.
Si esto ocurre tres días seguidos el pequeño aprenderá que haciendo lo que hace consigue que lo metas contigo en la cama y lo seguirá haciendo.

Es muy importante estar seguros de lo que queremos. Y por ello tenemos que querer y estar preparados para dar este paso.

Hay personas a las que les cuesta más decidirse que a otras. Por ejemplo si estamos dando el pecho al bebé, es normal que nos resulte más cómodo mantenerlo en el cuarto con nosotros.

O simplemente si tienes miedo de no oír al pequeño si te necesita.

En nuestro caso, yo tenía mucha prisa por sacarle, porque no quería que luego me costara, y me aceleré. Le llevamos a su habitación cuando Raúl sólo tenía mes y medio y tan sólo estuvo fuera una noche.  La razón, muy sencilla. Yo soy sorda, tengo un déficit auditivo considerable, de hecho utilizo aparatos durante el día, pero no cuando duermo, lógicamente.
Esa noche a Raúl le pasó lo que les pasa a muchos bebés a veces, se despertó llorando desconsoladamente. Pero en nuestro caso era la primera vez que le pasaba, con lo que yo no sabía lo normal que era, y me pensé que el niño debía llevar mucho rato despierto y quejándose para haber llegado a ese nivel de llanto. Imaginad la inseguridad que suponía para mí tenerle lejos y pensar que no le oiría si me necesitaba.

Así que Raúl volvió a nuestra habitación otras 3 o 4 semanas más, hasta que comprendí que aquella noche no había sido que yo no me hubiera enterado, y me volví a sentir preparada.

En mi caso no fue nada costoso sacarle de la habitación, porque al ser él tan pequeño, ni se enteraba de si estábamos a su lado o no.

Pero entiendo que no todas las madres le saquen tan pronto y he aquí el quid de la cuestión. ¿Cómo hacerlo para que sea eficaz y nuestro bebé no sufra?

La técnica tiene mucho que ver con alguna entrada anterior en la que explico cómo enseñar a dormir a nuestro bebé.

Es muy importante como expliqué hace días, crear una rutina alrededor de la hora de dormir. El baño, cremitas, la cena, la nana…

Con todo esto conseguimos que el pequeño esté predispuesto para caer rendido. No perdamos de vista, que aunque la habitación cambie, su cuna es la misma.  Con lo cual necesitamos que dentro de la cuna estén sus chupetes, su muñeco de dormir… y todas aquellas cosas que se vayan a mantener con él durante toda la noche.

Una cosa muy importante a la hora de acostarle en su nueva habitación es vuestra seguridad.

Hay que sentirse seguros, para que se lo transmitamos al bebé. Si nosotros dudamos o estamos nerviosos por el cambio, se lo transmitiremos y el sentirá inseguridad y miedo.

Sabed que va a funcionar, todos los niños acaban durmiendo en sus habitaciones cuando sus padres lo deciden, y el vuestro no va a ser menos.

Y una vez que tenemos su cuna con todo lo que tiene que tener, le hemos bañado, ha cenado, le hemos acunado un poquito… le acostamos.

En mi caso, se lo expliqué a Raúl, con voz firme y cariñosa le informé de que a partir de ese momento iba a dormir solito en su habitación, con su muñeco, y que mamá y papá estaban en la habitación de al lado para lo que él pudiera necesitar. Que cada uno tiene su habitación en la casa. Le enseñé dónde duerme Balú (que es nuestro perro), donde dormimos los papis y dónde debe dormir él.

Es de vital importancia que este cambio no coincida con ningún otro cambio importante en la vida de nuestros pequeños. Las cosas de una en una.

No debemos hacerlo cuando está empezando la guardería, o la madre justo ha empezado a trabajar… cualquier cambio les altera de alguna manera, y es mejor no juntarlos.

La habitación no debe ser un lugar extraño para el bebé, por eso es bueno que antes de cambiarle la usemos para jugar con él un ratito por las tardes, para leerle el cuento antes de dormir, o cantarle la nana…

Debemos dejar la puerta entornada, y no dejarle ninguna luz encendida. Tened en cuenta que el pequeño está aprendiendo lo que es dormir solo y si le dejamos la luz encendida del baño por ejemplo, cuando se despierte a media noche y no haya luz llorará porque no entenderá que eso haya cambiado.

Cuando el bebé ya no es tan bebé, es bueno involucrarle en el cambio, es decir, que te ayude durante el día a organizar la que va a ser su habitación, que colabore llevando la cuna a su nuevo cuarto, decorándolo… Podemos animarle a que haga un dibujo para una de las paredes y una vez lo tenga terminado ayudarle a ponerlo en un lugar en el que él lo pueda ver cuando esté tumbado en la cuna. Mientras le vamos explicando que ya es un niño grande y ahora necesita tener su propia habitación.

De esta manera entenderá relativamente que sus cosas ahora están allí, y que esa será su habitación. Esto no quiere decir que por la noche no vaya a quejarse o a lloriquear porque quiere dormir con vosotros, pero por lo menos podremos volver a explicarle que eso es lo que hicimos por la tarde y que él estaba de acuerdo con el cambio. Le podemos “engañar” un poco, diciéndole que ya es de noche y que no podemos cambiar las cosas de sitio en ese momento, porque los vecinos están durmiendo y les podemos molestar, o porque esas cosas sólo las podemos hacer durante el día… Aquí ya entra la imaginación de cada uno de nosotros.

De esta manera el niño se resignará y esperará al día siguiente para cambiar su cuna de sitio. Y evidentemente durante el día no se acordará de que quería volver a vuestra habitación.

Yo no soy partidaria de dejarle llorar, pero esto también depende de la edad del bebé. Cuando un niño ya tiene un añito, sabe cómo “manipularnos” para conseguir lo que quiere.

De esta manera llorará porque sabe que cuando llora mamá viene a su encuentro. En ese momento lo que debemos hacer es, sin dejar que el pequeño nos toque pero sí que nos vea, acercarnos a su cuna y con voz suave y cariñosa, pero a la vez firme explicarle que tiene que dormir en su habitación por las mismas razones que le hayamos dado antes de acostarle o durante la tarde.

Una vez se lo hemos explicado, con un discurso de unos 10 minutos, salimos de la habitación, entornamos la puerta y nos vamos. Da igual que el niño siga llorando, nos vamos y le dejamos solo. Esperamos un par de minutos o tres para ver si se relaja y volvemos a hacer lo mismo. Lo mejor es que vayamos aumentando el tiempo que tardamos en acudir. Si al principio esperamos 3 minutos, después iremos en 5. No es bueno dejar al niño más de 5 minutos.

Si el niño es pequeño, es decir, menor de 6 u 8 meses, todo esto podéis obviarlo, porque no lo necesitaréis. Y si el niño es mayor de esa edad, pero está acostumbrado a acostarse antes que sus padres y en su cuna, tampoco tiene porque suponer un problema el cambio de habitación.

Además si normalmente tiene un intercomunicador a la vista y en su habitación lo tiene también y más o menos en el mismo ángulo, esto le servirá para extrañar aún menos.

Y con todo esto no me queda más que aconsejaros que os arméis de paciencia y aseguraros que no será más de una semana, y ya tirando por lo alto.

En unos días os cuento como me ha ido a mí esta noche y las que vienen, que va a ser la primera en la que le suprimamos la toma nocturna. Hoy estoy resignada a no dormir, ya os lo contaré.