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Aborto diferido: ilusiones perdidas en un quirófano

Hoy quisiera hablaros de lo que me sucedió hace poco más de un mes, sufrí un aborto diferido. Os cuento:

Como sabéis yo ya tengo un niño que actualmente tiene 22 meses. Estaba felizmente embarazada por segunda vez, ya de 17 semanas. La vedad es que estábamos muy ilusionados, no sólo mi marido y yo, si no también nuestro pequeño, Raúl, que en cuanto me veía sentada en el sofá no tardaba en levantarme la camiseta para hacerle pedorretas a mi barriga o para hacerle caricias.

Aquí tenéis mi barriga cuando estaba de 15 semanas.

Pedimos cita en un ginecólogo privado, porque en España en la seguridad social hasta la semana 20 no te dicen el sexo del bebé y además no dejan entrar en la consulta a otros niños y queríamos compartir ese momento con Raúl.

Así que para allá que fuimos con todas nuestras ganas de empezar a pensar nombres y que el embarazo, que hasta ese momento había estado en un segundo plano se volviera un poquito más real.

Pero poco tiempo duró la alegría. Nada más empezar la ecografía el ginecólogo me preguntó si había tenido sangrados y nos comunicó que el embarazo estaba interrumpido. El feto había muerto en la semana 15.

He de reconocer que me costó bastante entender lo que me estaba diciendo. Creo que gracias a la cara de mi marido lo comprendí, porque en aquel momento os prometo que me sentía como si el doctor me estuviera hablando en otro idioma.

En ese momento tuvieron que salir mi marido y mi hijo de la consulta y allí me quedé yo, sola, asimilando todo lo que el médico me iba diciendo, e intentando entender lo que había pasado: cuándo, cómo, por qué?

Después de que el doctor midiera por todos lados el feto y me diera un informe, salí de allí, hecha un mar de lágrimas y sin saber muy bien qué hacer en ese momento.

El siguiente paso que tenía que dar era ir al hospital, a urgencias para que me programaran el parto.

Así es, el parto. Dado el tamaño del feto, lo siguiente que tendría que hacer sería todo el trabajo de parto, la dilatación y la expulsión y después pasaría por quirófano para que me hicieran un legrado.

Y esto es lo que me explicaron en el hospital que me harían al día siguiente. Así que me fui a mi casa, con mi marido y mi hijo y mi falsa barriga.

El día en el hospital fue bastante más sencillo de lo que imaginaba. Me indujeron el parto poniéndome una medicación por vía vaginal y otra por vía oral. En cuanto empecé a sentir dolor de contracciones me medicaron para que no sintiera dolor. Y la verdad es que funcionó bastante bien porque en el proceso de dilatación me dormí unas cuantas siestas.

Una vez dilatada yo me negué a expulsarlo, así que lo sacaron en el quirófano.

He de decir que cuando desperté de la anestesia, que en mi caso fue general, me sentía totalmente liberada. Lo único que quería era que me dieran el alta y me dejaran irme a dormir a mi casa. Al fin y al cabo, salir de ese hospital significaría que todo aquello habría acabado.

Es cierto, que hasta al menos una semana después no me empecé a ver y a mirar. Pensad que yo hacía menos de año y medio que había dado a luz cuando me quedé embarazada, así que me salió mucha barriga y muy pronto. Y el mirarme y verme la barriga sabiendo que de ahí ya no saldría nada… era bastante duro.

Siempre he sido una persona fuerte y echada para delante, así que al cabo de unos días empecé a ver las cosas de otro modo. Obviamente quiero saber lo que ha pasado para evitar que vuelva a suceder, pero creo que la naturaleza es sabia y que si esta vez el feto no salió adelante sería por algo.

Todavía no me han dado los resultados de la necropsia, así que de momento no sabemos qué es lo que pasó exactamente. No se explicaban porqué mi cuerpo seguía alimentado y cuidando un feto muerto. Lo normal es que una vez muera nuestros cuerpos se pongan de parto para expulsarlo. En mi caso todo el resto estaba bien, tanto la placenta, como el líquido amniótico, el útero… Dentro de quince días se supone que nos lo explicarán y os lo contaré.

A todas las mujeres que estéis pasando por esto, ánimo. Es una experiencia dura y que por mucho que queramos nos deja tocadas. Pero de todo se sale y lo que no te mata te hace más fuerte.

Si necesitáis hablar de ello y queréis compartir vuestra experiencia, no dudéis en poneros en contacto conmigo.

 

Ayudando a Dianna: aprendiendo a dormir la siesta.

 

siesta

“Hola

Tengo un bebe de 5 meses. En las noches no hay problema se lo duerme en la cuna. Pero de mañana y de tarde para la siesta tengo q mecerlo y ya estoy cansada el lucha para tomar su siesta; q puedo hacer para cambiar de método?”

Dianna

 

Primero de todo bienvenida y  gracias por tu consulta, seguro que a las demás mamis les viene genial.

A nosotros  nos ha pasado igual durante mucho tiempo. Nos ha pasado hasta que nos dimos cuenta de que el fallo era nuestro y no de nuestro pequeño.

Lo más importante a la hora de que el bebé se eche las siestas, es que esté cansado y tenga sueño suficiente. Ya sabes, nos fijamos en los típicos síntomas : se frota los ojitos, está más quejica…

Una vez que el pequeño esté cansadito, le subes a su cuna, le das unos meneítos mientras le explicas que toca dormir la siesta y le dejas en su cuna.

Mientras no llore, déjale.

Si se pone a llorar, que sería lo normal al principio, entras, le coges y le calmas diciendole con palabras suaves y un tono dulce que tiene que dormirse, que es hora de descansar para luego poder seguir jugando.

Y haces esto tantas veces como sea necesario. Una vez calmado le vuelves a posar en la cuna.

Al principio puede que tengas que cogerle unas cuantas veces, pero te aseguro que vas a ver el cambio muy pronto.

Los bebés sólo necesitan saber lo que toca hacer y lo que esperamos de ellos.

Si tu bebé se duerme solito por la noche, es porque sabe hacerlo de sobra, sólo necesita saber que eso es lo que esperas que haga también durante el día.

Suerte, mucho ánimo y ya me contarás cómo te ha ido.