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Plan de parto ¿para qué?

Time to birth

Cuando vamos a la matrona por primera vez, o al menos así fue en mi caso, ella nos propone que vayamos pensando cómo queremos que sea el parto, quien queremos que esté a nuestro lado… vamos, lo que ellas llaman plan de parto.

Esto del plan de parto es algo tan extendido que el ministerio de Sanidad tiene en su página web uno de unas 26 páginas si no recuerdo mal. Aquí os dejo el enlace por si os apetece echarle un vistazo:
http://www.msssi.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/pdf/equidad/planPartoNacimiento.pdf

Y ahí estás tú, con el embarazo recién comenzado, pensando en miles de cosas entre ellas como quieres parir.

En mi caso lo tenía clarísimo, un parto natural en el hospital. Yo no quería epidural, y estaba convencida de que no la necesitaría. Evidentemente en algún momento me planteé que si había complicaciones me tendrían que hacer cesaría, pero fue algo en lo que pude pensar 30 segundos a lo largo de todo el embarazo.

Pero como ya sabéis, nada sale como una se imagina o como a una le gustaría.

En la semana 32 fui a urgencias porque se me ponía la barriga dura como una piedra cada pocos minutos desde hacía unas semanas, suponiendo que me iban a mandar a casa y se iban a quedar los médicos pensando: “otra madre primeriza”.

Pero no fue así, me tuvieron que ingresar con una amenaza de parto prematuro. Estuve en el hospital 8 largos días en los que no me dejaban moverme más que para ir al baño (los primeros días ni eso).
Me llevaban en la cama a todos lados por el hospital y me enchufaban a las famosas cintas al menos 3 veces al día. Escuchaba el latir del corazón del bebé cada día unas cuantas veces, mientras contaba los días para llegar a la semana 34 y que el bebé no corriera tanto peligro si nacía.

Mi madre y mi marido, a mi lado en todo momento, iban tachando días en el calendario.

Después de 3 tratamientos diferentes y de haber madurado los pulmones del bebé prematuramente a base de corticoides, me dieron el alta, no sin antes explicarme tooooodo lo que no podía hacer.

Básicamente me mandaron a casa en reposo semi absoluto. ¿Qué es esto? Moverte lo mínimo posible para que no te dé una trombosis.

Vamos, exactamente lo que yo me imaginaba que iba a ser el final de mi embarazo cuando el predictor me dijo que esperaba un bebé.

Después de un par de semanas, ya llegando a la 36 y cada vez más tranquila por el nacimiento de mi pequeño, me dejaron empezar a hacer vida normal poco a poco.

Pero la paz nos duró apenas otro par de semanas, ya que en la semana 38 rompí la bolsa. Pero no fue lo que todas nos esperamos, romper aguas, empaparse y saber que es la hora. En mi caso la bolsa se me rompió por la parte alta, así que lo único que yo notaba al principio era como si mi flujo se hubiera vuelto más líquido y hubiera aumentado un poquito de cantidad.

Al tercer día así, me acosté a dormir la siesta y cuando me levanté me mojé bastante más y comprendí lo que me estaba pasando. Así que preparé las cosas, esperé a que mi madre llegara del trabajo (nunca he sido una histérica, pero esta vez me pasé de tranquila) y me dispuse a ir al hospital, pensando sinceramente de nuevo que me iban a mandar a mi casa.

Y allí que me quedé ingresada. Me pusieron antibiótico y me dijeron que en las siguientes 12 horas me tenía que poner de parto de manera natural y que si no era así me lo tendrían que provocar porque llevaba con la bolsa rota varios días.

Para todas aquellas que no lo sepáis, tener la bolsa rota es un riesgo grande para el bebé y para la madre, porque por esa fisura se pueden colar cualquier tipo de bacteria y generar una infección.

Así que allí me quedé esperando a que el gran momento llegara. He de reconocer que una vez me vi ingresada, me di cuenta de que aquello era real e inminente. Me acojoné un poquito para que vamos a mentir. Pero estaba preparada y concienciada para el dolor.

Y pasaron los plazos previstos para que me pusiera de parto y aquello no se iniciaba de ninguna manera.

Así que no quedo otra opción que provocarlo. Me pusieron oxitocina y me mandaron a la habitación a dilatar. Empecé con las contracciones, sinceramente muy soportables. Al cabo de 4 horas aproximadamente me llevaron a la sala de dilatación y cuando me miraron llevaba dos centímetros dilatados. A mi en aquel momento me pareció todo maravilloso. Lo había hecho sola y sin demasiado esfuerzo, así que estaba realmente animada para todo lo que venía después.

En aquel momento me pusieron de nuevo oxitocina pero esta vez en un gotero y me imagino que una dosis mayor para acelerar el proceso. Y aquí empezó el descontrol. Tenía contracciones larguísimas (hablo de varios minutos de contracción), muy irregulares, muy seguidas y cada vez más dolorosas. Después de otras 4 horas así, en la última sinceramente me quería morir, cuando me miraron apenas había dilatado un centímetro más.

Y aquí llegó el peor golpe que me llevé yo durante todo el embarazo, mucho peor que la amenaza de parto prematuro. Me tenían que subir la dosis, aquello no se podía alargar más por culpa de la bolsa rota durante tanto tiempo y el riesgo que esto suponía para Raúl. Y al subirme la dosis el dolor se iba a incrementar considerablemente. En ese momento, entre lágrimas por un sentimiento horrible de fracaso y de culpabilidad, me pusieron la epidural. Aquello tenía que avanzar rápido.

He de reconocer que después del disgusto no fue para tanto. Tuve la suerte de que la anestesista fue una profesional como la copa de un pino y me puso la dosis suficiente para que no muriera en el intento pero para que siguiera notando las contracciones, lo cual me dio la posibilidad de notar perfectamente las ganas de empujar y ser capaz de dar a luz a mi hijo por mí misma y sin ayuda.

Todo esto os lo cuento para que entendáis que hacer un plan de parto es un absurdo en la mayoría de los casos. Las cosas no van a salir como nos las imaginamos ni como desearíamos. Lo cual no quiere decir que vayan a salir mal, no me malinterpretéis! Simplemente van a ser distintas a como nos las planteábamos.

Después de todo lo que os he contado he de decir que para mí no ha sido una mala experiencia. Todo ello lo llevé muy bien, incluso la amenaza de parto, siempre fui muy positiva y pensé que si millones de mujeres en el mundo dan a luz yo también podía.

¿Y sabéis? Siempre, en todo momento, tuve muy presente algo que a mi abuela le dijo su madre cuando iba a parir a su primer hijo: “no pierdas fuerzas gritando, empléalas para empujar”

 

Ellos en el post-parto

 

Este es posiblemente uno de los temas más importantes y a los que menos se presta atención.

No se puede perder de vista en ningún momento que antes de ser padres, éramos pareja. Eso no puede cambiar por que tengamos un bebé con nosotros.

Evidentemente, el primer mes o mes y medio, las relaciones sexuales no deberían existir, y aunque os apetezca, muy probablemente os resultarán incomodas o incluso dolorosas.

Según como haya sido el parto, puede llevaros más o menos tiempo la recuperación.

Pero que no haya relaciones sexuales no quiere decir que no podamos tener nuestros momentos de intimidad.

¿A qué me refiero con intimidad? Me refiero a un momento para nuestra pareja, para hablar de nuestras cosas, de cómo nos sentimos, de cómo llevamos la maternidad y la paternidad, para abrazarnos, besarnos, acariciarnos, sentirnos y darnos cariño.

Este rato de intimidad, hace que desconectemos por un momento y pensemos en nosotros, cosa que, por norma, se deja de hacer cuando nace el bebé.
Nos da tiempo para saber cómo está la otra persona, y como estamos nosotras. Muy probablemente, nos dé por llorar algunas veces, o por reír a carcajadas, es normal y sano.

Muchas mujeres con las que he hablado este tema me dicen: “No tengo tiempo, y cuando lo tengo me toca poner la lavadora o recoger la casa o… que luego vienen visitas y ¿cómo voy a tener todo así?” Y yo os digo a todas vosotras: no hay nada más importante en esos momentos que vuestro bebé y vosotros. La casa puede estar desordenada , y la lavadora no hay que ponerla todos los días. Las visitas que se las apañen. Quien vaya a veros recién paridas, de lo que no soy partidaria, tiene que entender lo que es tener un bebé y que la casa esté como está. Y a él que no le guste que no vaya.

No sólo nos afecta a nosotras la llegada del nuevo ser. No hay que perder de vista que ellos son padres, y que como tal sienten el estrés, la falta de sueño, el nerviosismo por no entender lo que le pasa al bebé.

Es importante que les tengamos en cuenta, y les dejemos participar. Ellos, en la mayoría de los casos, quieren acunarle, ayudarle a dormir, bañarle, achucharle y en definitiva formar parte de todo ello. Y a parte de lo importante que es que les permitamos ser padres, que tienen el mismo derecho que nosotras, esto nos libera un poco y nos permite descansar y retomar el aliento.

Sé por experiencia propia lo difícil que es dejarse ayudar al principio. Yo tenía la sensación de que era egoísta si permitía que mi madre se quedara con Raúl un rato para que nosotros durmiéramos la siesta. Me sentía mala madre. Fijaos que tontería. Pero como ya comenté en otra publicación , las hormonas después del parto están revueltas y no nos dejan pensar con claridad.

Los primeros días yo no llevaba muy bien la maternidad, me sentía agobiada y cansada. A penas me había recuperado del parto y Raúl tenía muchísimos cólicos y hambre a todas horas (en otro momento os hablaré de los cólicos y el comienzo de la vida de mi pequeño) lo cual nos daba muy poco tiempo para descansar entre toma y toma.

Tardábamos cerca de hora y media en alimentarle y que sacara los gases, y a la hora y media teníamos que volver a empezar.

Recuerdo a mi marido, sinceramente preocupado por mí, queriendo alimentarle él a base de biberón sólo para que yo pudiera dormir y descansar más de hora y media.

bebe-biberon

El pobre no sabía qué hacer por mí y cómo ayudarme.

Os cuento esto porque muchas veces no somos conscientes de cómo todo esto afecta a nuestras parejas, pero lo hace. Muchas veces estamos todos tan centrados en el bebé que no nos permitimos un momento para hablar y darnos cuenta de lo que necesitamos.

Nuestras parejas no sólo están bajo la presión de la llegada del bebé, sino que están pendientes de nosotras, de que estemos bien, de intentar ayudar… y muchas veces no se lo permitimos.

Yo os animo a todas aquellas que estéis pasando por esta situación actualmente, a que os dejéis mimar un poco y ayudar otro poco, a que les permitáis a los papis hacerse cargo un rato, os aseguro que os sorprenderán.

Nunca me hubiera imaginado que mi marido se pasaría la noche en vela nada más nacer nuestro pequeño, simplemente mirándole, acunándole y disfrutando de su existencia.

De verdad, apoyaros en ellos y dadles la oportunidad, pueden, deben y tienen derecho a ser buenos padres.

Preparación post-parto

La preparación al parto es algo socialmente reconocido, a lo que prácticamente nos obligan a asistir cuando estamos de 30/32 semanas.

Lo que nadie nos enseña y creo que deberían es una preparación al post-parto.

En mi caso apenas pude asistir a una clase de preparación al parto, que he de reconocer que me fue muy útil para controlar un poco el dolor de las contracciones. Lo cierto es que una vez que te enfrentas a ello, te sale prácticamente de manera innata, y lo que no te sale, te lo explica la matrona en el paritorio en un momento.

Pero en cambio, o al menos en mi caso fue así, lo que viene después no sale de una manera tan natural y nadie nos prepara para ello.

Quisiera daros unos consejitos a todas aquellas que lo tengáis próximo y seáis primerizas (las que ya tenéis más hijos estáis preparadas de sobra)

Lo primero de todo deciros que nada va a salir como vosotras esperabais. Eso es algo muy importante a tener en cuenta, muy en cuenta, para evitar sentirse frustrada, culpable o incluso mala madre. Pensad que durante el parto y después de él, las hormonas nos juegan muy malas pasadas, y lo que ahora mismo no supone un mundo para nosotras, en esos momentos puede ser la peor de las catástrofes.

En mi caso, estaba convencidísima de que no quería epidural, que el dolor no me asustaba y al final tuvieron que ponérmela, pero el tema del parto lo tocaremos otro día. Esto os lo pongo de ejemplo, porque lloré a moco tendido cuando tuve que decidir ponérmela, porque no era lo que yo esperaba y me sentía fracasada y culpable por no haber podido llevar a cabo algo que tenía muy claro antes de entrar en la sala de dilatación. Parece una bobada, Pero en esos momentos como os digo, son las hormonas las que se apoderan de nosotras.

Nadie nos explica que dar el pecho no es sencillo ni agradable al principio. Nos venden la lactancia materna como algo muy natural y sencillo. Las matronas nos dicen: “al nacer ponlo al pecho que él solo se va a enganchar y va a comer”. Y esta es una idea preciosa!!! Pero que no siempre funciona.

Dar el pecho puede ser una labor tan dura como el propio parto, sino más. Si tieneis la mala suerte de que el niño tiene una boquita pequeña y tu pezón es grande, o si tieneis los pezones invertidos o si simplemente no sabeis cómo hacerlo y nadie os ayuda u os explica, lo vais a pasar muy mal. Pero no hay que agobiarse, que hay soluciones para todo. Hay unas cositas que se llaman pezoneras, que son mano de santo. Las venden en las farmacias. Con ellas que el bebé sea capaz de mamar es mucho más sencillo y las podemos ir retirando cuando el pecho ya no nos moleste y el bebé haya aprendido a comer.

Es importante tener en cuenta que en muchas ocasiones, el calostro no es suficiente para saciar al bebé recién nacido. Ante la duda yo os animo a que después de darle el pecho, al menos una de cada dos tomas, le ofrezcáis un biberón. Sé que las matronas están en contra, pero es una tontería. El bebé va a seguir mamando perfectamente, porque le gusta mucho más la leche del pecho que la del bibe, y vosotras podéis estar tranquilas porque sabéis que el bebé está bien alimentado.

Veréis que tenéis un motón de madres expertas a vuestro alrededor dándoos consejos, además consejos que muchas veces se contradicen entre ellos y os vuelven locas y no sabréis que es mejor. Lo mejor es lo que a vosotras os parezca, lo que os salga hacer.

Después del parto estaréis agotadas, no os importe dejaros ayudar, que alguien se encargue del bebé mientras vosotras dormís, que es necesario reponer fuerzas para poder estar anímicamente bien.

Y mi último consejo por hoy, y creo que el más importante. Haced lo que sintáis en cada momento, y disfrutad de él. Sobre todo no os angustiéis, porque tenéis que saber una cosa,  el bebé ha estado dentro de vosotras, sintiendo lo que sentíais 9 meses. Y ahora que está fuera, lo siente de igual manera. Si vosotras estáis nerviosas, él va a estar igual.

Es muy importante que confiéis en vosotras mismas.

Somos guerreras, podemos con esto y con mucho más.