Archivos mensuales: octubre 2015

Cambios en el cuerpo

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Todas tenemos asumido que el embarazo cambia nuestro cuerpo, pero creemos que es algo temporal y que volveremos a ser las que eramos cuando demos a luz.

Pero hay cambios que son permanentes de los cuales, como siempre, nadie nos habla.

No entiendo personalmente ese tabú alrededor del embarazo y las cosas “malas” que son producto de él. Y es que precisamente este silencio es el que hace que no normalicemos cosas que son naturales y nos agobien cosas que no deberían.

En este caso estamos hablando de algo que socialmente se nos exige. Todas tenemos que ser lo más parecido posible al prototipo de cuerpo femenino ideal. Y como tontas lo pretendemos y nos sometemos a dietas absurdas, hacemos ejercicio obsesivamente y buscamos el atajo más sencillo para conseguirlo.

Todo esto empeora cuando, unos meses después de parir, nos miramos al espejo y seguimos sin ver a la mujer que eramos antes.

Hay cambios en el cuerpo que como digo son permanentes y hay que asumir como normales. De no ser así puede suponernos muchos quebraderos de cabeza, y hasta una bajada considerable de la autoestima. Por eso es bueno que veamos estos cambios y entendamos que no pasa nada, que son naturales y que no por ello nos van a hacer menos sexys y menos hermosas.

Las estrías son cicatrices en la piel, y aparecen cuando esta se estira rápido. Podemos intentar prevenirlo, dándonos crema desde el principio del embarazo. Pero a pesar de ello, pueden aparecer.

Hay mujeres que se obsesionan por tenerlas, pero pensad una cosa, son las cicatrices de algo maravilloso. Son la muestra de que vuestro cuerpo ha dado vida a otro ser, un ser precioso que os hace sonreír cada mañana y os enternece cada vez que le observáis dormir.
¿Y qué si tenemos cicatrices de una de las cosas más asombrosa que hemos hecho en la vida?

En función del peso que hayamos cogido durante el embarazo, nos costará más o menos acercarnos a nuestro peso previo. Digo acercarnos, por que hay que ser realista, volver al peso en el que estábamos antes de ser madres, no es nada fácil. En mi caso durante el embarazo cogí 8 kg, y unas semanas después de haber parido, sólo me quedaban 4 kg. Pero lo cierto es que a pesar de intentar hacer un poco de dieta, los kilos no desaparecen con la misma facilidad que antes. Hay que hacer mucho más esfuerzo y lleva más tiempo que antes de tener al bebé.

Además de esto, las caderas se ensanchan, la cintura no vuelve a ser la que era, la barriga cuesta que desaparezca… bueno, a no ser que seas Pilar Rubio o Shakira, y dediques como ellas la vida a tu cuerpo.

Pero todo esto no tiene por qué suponer para nosotras un problema. No hay que dejarse, evidentemente, pero tampoco obsesionarse.

Mis recomendaciones, no tanto por el físico sino por preservar la salud mental:

  • Dedicaos un ratito a vosotras mismas. Es bueno que tengamos, al menos una vez a la semana, algún momento  para nosotras. Apuntaos a alguna actividad: pilates, yoga, spinning… lo que sea. Esto nos hará sentirnos mejor con nosotras mismas, y además nos permite desconectar.
  • Comed sano, pero sin obsesionarse. El peso no es algo tan importante como encontrarnos bien.
  • Si la ropa no os vale, compraros ropa nueva. No tenemos que marcarnos como objetivo entrar en la ropa vieja, sino sentirnos bien con nuestro cuerpo. En mi caso he tenido que cambiar los sujetadores y los pantalones y no por un problema de peso, sino de cambios en mi físico. Una buena escusa para ir de tiendas.
  • Escuchad a vuestras parejas y pedidles su opinión sincera sobre vuestro cuerpo. Ellos son los que os ven desde fuera, nosotras no somos objetivas.
  • Cuidaros, maquillaros, vestios sexys… lo que sea para veros bien. Muchas veces nosotras mismas nos boicoteamos, y eso no puede ser. Haced el esfuerzo, veréis como en unos días os vais encontrando más guapas.

Pero sobre todo, lo que es más importante, quereros mucho a vosotras mismas y no os agobiéis con estas cosas que no tienen importancia.

El sexo y la relación de pareja tras el nacimiento del bebé

 

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Sois muchas mamis las que me habéis escrito pidiéndome por favor que tratara este tema, que es algo que preocupa, y mucho, no sólo a las mujeres, sino también a un alto porcentaje de hombres.

Es un tema complejo y, como en todo lo que rodea a la maternidad, no hay reglas, pero os daré algunos consejos.

Hay mujeres que me comentan que tras el parto y durante algunos meses casi, y sin casi,  les molestaba la presencia de sus parejas. Hay alguna que me ha llegado a confesar que le provocaba hasta asco verle, sentía la necesidad de apartarlo. Otras explican cómo tras el parto perdieron el apetito sexual y hasta pensaron que se había acabado todo con sus parejas.

Todo esto y miles de cosas más, son normales.

El cansancio, las hormonas, el miedo al dolor, a quedarse de nuevo embarazadas… son algunas de las razones por las que a las mujeres nos suele costar volver a sentir ese deseo. Otra razón de mucho peso es nuestro aspecto físico. De nuestro cuerpo hablaremos en profundidad otro día, pero es cierto que muchas veces el no vernos como éramos antes, el no reconocernos al mirarnos al espejo nos hace vulnerables e inseguras.

Y a todo esto se suma un problema gordo. Normalmente no hablamos las cosas con nuestra pareja.

Y nos encontramos en la situación de que él quiere, intenta, pide… y nosotras simplemente negamos.

Y aquí está el mayor error.

Es muy importante que hablemos las cosas con sinceridad. Que le digamos a nuestras parejas que no nos apetece está bien, pero es mucho mejor explicar el porqué.

Cuando hablamos las cosas dejamos que la persona que tenemos delante entienda por lo que estamos pasando. Y si lo entiende, tendrá paciencia y nos ayudará a superar nuestras inseguridades.

Muchas veces el primer paso para que vuelva el apetito sexual es tener tiempo para nosotros como pareja. Si apenas tenemos 10 minutos al día para mirarnos tranquilamente a la cara y hablar de nuestras cosas, raro ha de ser que esos 10 minutos los dediquemos a mantener relaciones. Ellos están mucho más dispuestos a que esa sea toda la relación que tengamos al día, pero tienen que entender que nosotras necesitemos otras cosas de ellos en estos momentos. Y para eso hay que hablar.

Además tenemos que tener en cuenta que las palabras, los besos y las caricias son el comienzo de toda relación sexual. Muchas veces la mujer no se encuentra a gusto con la penetración completa, ya sea por miedo o por dolor; pero si pueden ser satisfactorias las relaciones sexuales por vía oral o táctil.

Si lo hablamos con nuestras parejas, ellos lo van a comprender y van a adaptarse a nuestras necesidades.

Y ahora es cuando alguna me dice: pero es que no me apetece ni eso. Y yo os digo que os deis tiempo. Pero que ese tiempo tiene que ser consensuado con vuestras parejas.

El deseo sexual no aparece de hoy para mañana, sino que es un proceso progresivo que requiere tiempo y mucho cariño.

Para los hombres: conquistad de nuevo a vuestras parejas, dedicadles tiempo, tened detalles. Imaginaos que volvéis a ser novios de nuevo. Sed cariñosos y cuidadosos. Intentad comprender, aunque sé que es difícil, el proceso de cambio tan grande por el que ha pasado el cuerpo de vuestras mujeres, y lo difícil que tiene que ser para ellas volver a ser las que eran antes de todo esto.

Con cariño mutuo, respeto y paciencia todo vuelve a la normalidad.

Una de las cosas que tenéis que tener en cuenta a la hora de comenzar a practicar sexo es que la zona está muy magullada. Está mucho más sensible de lo normal y para ayudar a evitar dolores o molestias es una buena táctica el uso de lubricantes. Usadlos hasta que los necesitéis. Pensad que tras el embarazo y el parto la vagina está mucho más reseca y menos lubricada en todas las situaciones.

Además puede ser una muy buena opción para empezar no tener relaciones completas, sino empezar como digo con caricias e ir aumentando progresivamente, para volver a acostumbrarnos a esas sensaciones e ir tanteando un poco nuestro cuerpo.

También os recomiendo que no dejemos las relaciones para la noche, que llegamos todas a la cama muertas de cansancio. Quizá mientras el pequeño se echa una de sus múltiples siestas nosotras nos encontremos con más energía.

Sobre todo, mi consejo es que vayáis probando poco a poco, sin prisa, y que habléis las cosas con vuestras parejas. Que no os de vergüenza decir cómo os sentís en cada momento, porque será el mejor modo de avanzar hacia la vida sexual que teníais antes del parto.

Bueno, y armaros de paciencia, porque a no ser que tengáis una marmota por bebé, seguro que os interrumpe en el peor momento. Pero esto debe ser una razón para reírnos y para volver a intentarlo más tarde, no para desilusionarnos y evitarlo.

Paciencia y mucho cariño.

Ayudando a dormir un niño guerrero

niño un año

 

“Hola Cristina, me encanta lo que escribes y todo lo relacionado con el sueño es muy real, tengo una niña de 4 años y con ella todo fue fácil, si desde el principio se siguen unas pautas se consigue, pero, también tengo un niño de un año que se despierta cada hora, empezó desde recién nacido y por agotamiento lo pasé a la cama conmigo y ahora llevo un año sin dormir. Busca el pecho toda la noche y sentirme a su lado, salvo tres noches que durmió mejor el resto se ha despertado cada hora, temo la noche porque sé que será otra noche de agotamiento. Gracias por escucharme”

Anónimo.

 

Como ya te puse en el comentario tenemos que volver a empezar de cero con tu pequeño.

Lo primero que vamos a hacer es conseguir que duerma más y para ello tenemos que conseguir que llegue cansado a la noche, así que vamos a controlar sus horas de sueño diurno. En el caso de un niño de un año, necesita dormir unas 11 horas por la noche y apenas 3 durante el día.

Así que vamos a evitar que duerma más de dos siestas en todo el día, sean de la duración que sean. Si se despierta a la hora de haberse dormido  mejor, así por la noche estará más cansado.

Durante la tarde estaría bien que le expliques que ya es mayor y que por eso va a empezar a dormir en su propia cuna. Cómprale un muñeco nuevo y se lo presentas como su nuevo compañero de noche. Este muñeco sólo lo vamos a usar para dormir, así que va a estar en su cuna siempre. Le puedes decir que igual que te busca a ti por la noche, ahora a su lado va a estar Pepito (por ejemplo, ponle un nombre al muñequito) y que puede abrazarse a él cuando lo necesite. Además de explicarle que tu estarás ahí, durmiendo a su lado pero en tu cama.

Y la cuna sólo la vamos a usar para dormir también. Así que puedes acostarle en ella para dormir las siestas, pero no podemos permitirle jugar dentro de ella.

Cuando llegue la hora le damos su bañito, las cremitas, le ponemos el pijama, le damos la cena, una nana o un cuento, lo que más le guste y cuando se esté quedando dormido, le acostamos.

¿Dónde la vamos a acostar? En su cuna, pero dentro de tu habitación.

Lo normal en tu caso es que al posarle en su cuna se despierte totalmente y se queje. En ese caso, le vamos a coger de nuevo y le vamos a acunar mientras le explicamos que tiene que dormir en su propia cuna como habíamos hablado durante la tarde, que a su lado tiene a Pepito para que le abrace, que mamá va a estar cerca por si le necesita…  y todo lo que se nos ocurra, hasta que esté medio dormido y le tumbamos de nuevo.

Y así hasta que se quede dormido el solo en la cuna. Sé que tendrás ganas de dormirle y punto, pero eso no serviría de nada. Necesitamos que el pequeño aprenda a dormirse solo.

¿Por qué tanto empeño en que se duerma solo? Es muy fácil. A lo largo de la noche, adultos y niños tenemos pequeños despertares que apenas duran de unos segundos a un par de minutos. En esos despertares, el niño que sabe dormirse solo, lo hará sin problemas. En cambio si no enseñamos a nuestros pequeños a dormirse solos, nos reclamarán para que lo hagamos por ellos, ya sea buscando nuestro contacto físico o pidiendo pecho como es el caso de tu pequeño.

Con el tema del pecho, mi consejo es que antes de acostarse le des un biberón grande con cereales. Con esto lo que vamos a evitar es que el niño tenga hambre tan a menudo.

No sé qué horarios de comidas le vas dando, pero es importante que tengan un horario establecido tanto con el sueño como con las comidas, más que nada para que el niño tenga claro lo que tiene que hacer en cada momento, y pueda predecir lo que toca.

Y nos toca pasar la noche. Mira cada cuantas horas le das de comer durante el día y haz lo mismo durante la noche. No le des de comer cada vez que se despierte. Si no, no vamos a conseguir que duerma más horas.

Cada vez que el pequeño se despierte y no le toque comer,  tenemos que intentar que se duerma por sí mismo. Primero vamos a hacerlo como al acostarle, es decir, le vamos a coger y le vamos a acunar hasta que se esté quedando dormido, que le metemos en su cuna.

Cuando consigamos que vaya distanciando los despertares, intentaremos que se duerma por sí solo, simplemente dejándole o poniéndole el chupete.

Van a ser noches duras, pero poco a poco irá durmiendo mejor.

Si te parece, vete probando con esto y me vas contando cómo evoluciona.

En función de la evolución seguimos con unas pautas u otras.

Mucho ánimo y aquí estoy para todas tus dudas.

Ayudando a Samantha

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Hoy voy a dedicar mi entrada para ayudar a una lectora que me ha dejado un comentario en una de las entradas anteriores.

Aquí os dejo el comentario de Samantha.

“Hola Cristina, mire tu enlace en enfemenino y decidí visitar tu página, me pareció interesante los temas que has tratado, tengo 24 años, soy madre primeriza y tengo una bebe de 6 meses y medio, es preciosa. Mi bebe dejo el pecho a los 4 meses debido a que no producida suficiente leche, y desde entonces toma su leche con bibe. A partir de los 6 meses estoy introduciendo a su alimentación las frutas en el desayuno, y las papillas en el almuerzo y reacciona estupendamente, cuando tenía 3-4 meses dormía de tirón 6.5 horas (1 toma por la noche), hoy en día duerme 4 horas por la cual me pide una toma más, y yo siento q no estoy descansando lo suficiente… a veces siento que la última toma de la noche no la sustenta porque cuando despierta se desespera por comer… que me aconsejas?”

Samantha

 

Es totalmente normal que los bebés en según qué momentos del crecimiento cambien sus hábitos de sueño y de alimentación.

Y también es habitual que las mamis nos desesperemos, porque pensábamos que habíamos superado esa época de dormir poco y descansar mal.

Pero no hay que alarmarse ni agobiarse. Lo primero y más importante es que sepas que lo que le pasa a tu chiquitina es normal, y no es un retroceso. Ármate de paciencia que esto lo arreglamos con un par de tácticas.

Para empezar yo te aconsejaría que aumentes la cantidad de leche de todas las tomas. Si la pequeña come más durante el día, necesitará menos por la noche.

Me imagino que le estarás dando cereales en alguno de los biberones, ¿verdad? Pues mi consejo es que le metas los cereales en la última toma que le vas a dar del día, que va ser justo antes de que tú te acuestes. No sé exactamente el horario que le marcas a la pequeña, pero me imagino que como dices que come cada 4 horas sea algo parecido a esto: a las 8 de la mañana, las 12 del mediodía, a las 4 de la tarde, a las 8 de la noche y a las 12 de la noche, ¿Verdad? Y es a las 4 de la mañana cuando te vuelve a pedir.

Pues bien, a las 12 de la noche le vas a dar el bibe de leche con cereales. En mi caso el pediatra me ha aconsejado que le ponga la misma cantidad de leche normal y le añada una cucharadita de café de cereales por mes que tenga el niño. Así que en tu caso le vas a poner la cantidad de leche que suela tomar una vez que le hemos aumentado la dosis por toma, más las seis cucharaditas de café de cereales.

Al añadirle cereales por la noche lo que conseguimos es que el biberón le sacie más y le duré más en la tripita.

No te extrañe que se despierte aún un par de noches más a la hora que se lleva despertando un tiempo. Lo hará porque está acostumbrada a hacerlo, simplemente. En este caso, si te llama, ya sea lloriqueando o quejándose, simplemente atiéndela como lo haces habitualmente y ayúdala a volver a conciliar el sueño, pero no la alimentes. La idea es que se acostumbre a seguir durmiendo a esas horas.

Una vez se duerma, espera a que se vuelva a despertar para pedirte comida y aliméntala. Esto siempre que no sea antes de una hora. Si se despierta antes de ese tiempo, volvemos a dormirla.

De este modo la niña va a quitarse esa costumbre de despertarse a media noche, y con el tiempo podremos ir alargando esa toma. Si come suficiente durante el resto del día en una semana como mucho está durmiendo de nuevo estupendamente.

Otra cosa que te puede ayudar es controlar las horas de sueño durante el día. Si la pequeña duerme muchas o pocas siestas, es normal que por la noche el sueño sea menos profundo.
No dejes que se duerma a partir de las 7 de la tarde.

El tema de las siestas lo trataré mañana. Pero es importante que duerma lo justo y necesario. En el caso de un bebé de 6 meses, necesita dormir a lo largo de todo el día, incluyendo las horas de sueño nocturno entre 14 y 16 horas. Este dato es aproximado, tampoco te vuelvas loca calculando cada minuto. Hay bebés que necesitan más y otros que necesitan menos.

Suponiendo que queramos que nuestra pequeña duerma sus 12 horas durante el sueño nocturno, esto nos deja alrededor de unas 4 horas de sueño diurno.

Mi consejo es que se dividan estas horas en dos siestas, pero como te digo depende de cada niño. Eso lo sabes mejor tú que eres su madre.

Por otro lado algo que puede estar provocando estos despertares nocturnos es la salida de los dientes. Los niños no siempre comen por tener hambre. La succión les relaja y les calma.
Mirale las encías, si ves que están asomando o ya se vislumbran, te aconsejo que hables con el pediatra y le comentes lo que te pasa, porque probablemente el problema es que a la pequeña le duele y quizá él te pueda decir si le debes dar algo, o tenemos que buscar una solución nosotras.

Si es así, no dudes en decírmelo y nos ocupamos del tema de la salida de los dientes.

 

 

Para todas aquellas que queráis enteraros de cuando voy poniendo nuevas entradas podéis seguirme en mi página de Facebook.

 

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Se llama como el blog, sólo tenéis que poner en el buscador: mamasaprendiendo.com

 

 

 

Cómo cambiar al bebé a su habitación

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Decidir cuándo sacar al bebé de la habitación de los padres es algo que les corresponde sólo y exclusivamente a estos.

Hay expertos que aseguran que es importante hacerlo antes de los 8 meses ya que es en ese momento cuando lo niños desarrollan la llamada angustia por separación, lo que puede complicarnos la labor.

Pero sinceramente creo que el momento adecuado es cuando los padres están preparados para ello.

La razón es muy sencilla: cuando tomas esta decisión tienes que ser constante y consecuente.

De nada sirve que decidas sacar al bebé de la habitación sin estar segura o por presiones de la gente de tu alrededor si al mínimo quejido de este vas a acudir corriendo y a meterlo en tu cama. Lo único que vamos a conseguir de esta manera es lo contrario a lo que queremos.
Si esto ocurre tres días seguidos el pequeño aprenderá que haciendo lo que hace consigue que lo metas contigo en la cama y lo seguirá haciendo.

Es muy importante estar seguros de lo que queremos. Y por ello tenemos que querer y estar preparados para dar este paso.

Hay personas a las que les cuesta más decidirse que a otras. Por ejemplo si estamos dando el pecho al bebé, es normal que nos resulte más cómodo mantenerlo en el cuarto con nosotros.

O simplemente si tienes miedo de no oír al pequeño si te necesita.

En nuestro caso, yo tenía mucha prisa por sacarle, porque no quería que luego me costara, y me aceleré. Le llevamos a su habitación cuando Raúl sólo tenía mes y medio y tan sólo estuvo fuera una noche.  La razón, muy sencilla. Yo soy sorda, tengo un déficit auditivo considerable, de hecho utilizo aparatos durante el día, pero no cuando duermo, lógicamente.
Esa noche a Raúl le pasó lo que les pasa a muchos bebés a veces, se despertó llorando desconsoladamente. Pero en nuestro caso era la primera vez que le pasaba, con lo que yo no sabía lo normal que era, y me pensé que el niño debía llevar mucho rato despierto y quejándose para haber llegado a ese nivel de llanto. Imaginad la inseguridad que suponía para mí tenerle lejos y pensar que no le oiría si me necesitaba.

Así que Raúl volvió a nuestra habitación otras 3 o 4 semanas más, hasta que comprendí que aquella noche no había sido que yo no me hubiera enterado, y me volví a sentir preparada.

En mi caso no fue nada costoso sacarle de la habitación, porque al ser él tan pequeño, ni se enteraba de si estábamos a su lado o no.

Pero entiendo que no todas las madres le saquen tan pronto y he aquí el quid de la cuestión. ¿Cómo hacerlo para que sea eficaz y nuestro bebé no sufra?

La técnica tiene mucho que ver con alguna entrada anterior en la que explico cómo enseñar a dormir a nuestro bebé.

Es muy importante como expliqué hace días, crear una rutina alrededor de la hora de dormir. El baño, cremitas, la cena, la nana…

Con todo esto conseguimos que el pequeño esté predispuesto para caer rendido. No perdamos de vista, que aunque la habitación cambie, su cuna es la misma.  Con lo cual necesitamos que dentro de la cuna estén sus chupetes, su muñeco de dormir… y todas aquellas cosas que se vayan a mantener con él durante toda la noche.

Una cosa muy importante a la hora de acostarle en su nueva habitación es vuestra seguridad.

Hay que sentirse seguros, para que se lo transmitamos al bebé. Si nosotros dudamos o estamos nerviosos por el cambio, se lo transmitiremos y el sentirá inseguridad y miedo.

Sabed que va a funcionar, todos los niños acaban durmiendo en sus habitaciones cuando sus padres lo deciden, y el vuestro no va a ser menos.

Y una vez que tenemos su cuna con todo lo que tiene que tener, le hemos bañado, ha cenado, le hemos acunado un poquito… le acostamos.

En mi caso, se lo expliqué a Raúl, con voz firme y cariñosa le informé de que a partir de ese momento iba a dormir solito en su habitación, con su muñeco, y que mamá y papá estaban en la habitación de al lado para lo que él pudiera necesitar. Que cada uno tiene su habitación en la casa. Le enseñé dónde duerme Balú (que es nuestro perro), donde dormimos los papis y dónde debe dormir él.

Es de vital importancia que este cambio no coincida con ningún otro cambio importante en la vida de nuestros pequeños. Las cosas de una en una.

No debemos hacerlo cuando está empezando la guardería, o la madre justo ha empezado a trabajar… cualquier cambio les altera de alguna manera, y es mejor no juntarlos.

La habitación no debe ser un lugar extraño para el bebé, por eso es bueno que antes de cambiarle la usemos para jugar con él un ratito por las tardes, para leerle el cuento antes de dormir, o cantarle la nana…

Debemos dejar la puerta entornada, y no dejarle ninguna luz encendida. Tened en cuenta que el pequeño está aprendiendo lo que es dormir solo y si le dejamos la luz encendida del baño por ejemplo, cuando se despierte a media noche y no haya luz llorará porque no entenderá que eso haya cambiado.

Cuando el bebé ya no es tan bebé, es bueno involucrarle en el cambio, es decir, que te ayude durante el día a organizar la que va a ser su habitación, que colabore llevando la cuna a su nuevo cuarto, decorándolo… Podemos animarle a que haga un dibujo para una de las paredes y una vez lo tenga terminado ayudarle a ponerlo en un lugar en el que él lo pueda ver cuando esté tumbado en la cuna. Mientras le vamos explicando que ya es un niño grande y ahora necesita tener su propia habitación.

De esta manera entenderá relativamente que sus cosas ahora están allí, y que esa será su habitación. Esto no quiere decir que por la noche no vaya a quejarse o a lloriquear porque quiere dormir con vosotros, pero por lo menos podremos volver a explicarle que eso es lo que hicimos por la tarde y que él estaba de acuerdo con el cambio. Le podemos “engañar” un poco, diciéndole que ya es de noche y que no podemos cambiar las cosas de sitio en ese momento, porque los vecinos están durmiendo y les podemos molestar, o porque esas cosas sólo las podemos hacer durante el día… Aquí ya entra la imaginación de cada uno de nosotros.

De esta manera el niño se resignará y esperará al día siguiente para cambiar su cuna de sitio. Y evidentemente durante el día no se acordará de que quería volver a vuestra habitación.

Yo no soy partidaria de dejarle llorar, pero esto también depende de la edad del bebé. Cuando un niño ya tiene un añito, sabe cómo “manipularnos” para conseguir lo que quiere.

De esta manera llorará porque sabe que cuando llora mamá viene a su encuentro. En ese momento lo que debemos hacer es, sin dejar que el pequeño nos toque pero sí que nos vea, acercarnos a su cuna y con voz suave y cariñosa, pero a la vez firme explicarle que tiene que dormir en su habitación por las mismas razones que le hayamos dado antes de acostarle o durante la tarde.

Una vez se lo hemos explicado, con un discurso de unos 10 minutos, salimos de la habitación, entornamos la puerta y nos vamos. Da igual que el niño siga llorando, nos vamos y le dejamos solo. Esperamos un par de minutos o tres para ver si se relaja y volvemos a hacer lo mismo. Lo mejor es que vayamos aumentando el tiempo que tardamos en acudir. Si al principio esperamos 3 minutos, después iremos en 5. No es bueno dejar al niño más de 5 minutos.

Si el niño es pequeño, es decir, menor de 6 u 8 meses, todo esto podéis obviarlo, porque no lo necesitaréis. Y si el niño es mayor de esa edad, pero está acostumbrado a acostarse antes que sus padres y en su cuna, tampoco tiene porque suponer un problema el cambio de habitación.

Además si normalmente tiene un intercomunicador a la vista y en su habitación lo tiene también y más o menos en el mismo ángulo, esto le servirá para extrañar aún menos.

Y con todo esto no me queda más que aconsejaros que os arméis de paciencia y aseguraros que no será más de una semana, y ya tirando por lo alto.

En unos días os cuento como me ha ido a mí esta noche y las que vienen, que va a ser la primera en la que le suprimamos la toma nocturna. Hoy estoy resignada a no dormir, ya os lo contaré.

 

 

 

 

 

¿ Depresión post-parto o tristeza puerperal ?

Hay muchas mujeres, entre las que me incluyo, que no viven el comienzo de la maternidad de una manera demasiado positiva.

A pesar de que todo el mundo nos diga lo rápido que pasa el tiempo y que disfrutemos del bebé que pronto empezará a hacer cosas y nunca volverá a ser el chiquitín que tenemos entre los brazos, no somos capaces de disfrutar de esos momentos y lo pasamos mal.

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Hay que distinguir diferentes conceptos para entender lo que nos pasa.

El primero de todos es la

Cuando nace tu bebé lo que el mundo espera de ti es que sientas una felicidad infinita y te creas la mujer más afortunada de la tierra. Pero esto no siempre es así.
Hay mujeres que sienten ansiedad y tristeza, ganas de llorar, les cuesta dormir y tienen pesadillas, necesidad de tener a alguien con ellas y con el bebé, pensamientos pesimistas… y sobre todo, se sienten culpables por no sentirse felices.  No se ven capaces de pedir ayuda ni creen tener derecho a ella. Están irritables y en definitiva, agotadas.

Con este tema quiero recalcar el mal que hace la sociedad a muchas madres. Se espera de nosotras tanta felicidad y tanta alegría que no se nos permite, o lo que es peor, no se nos explica lo normal que es no sentirla.
Creo que habría que normalizar la posibilidad de sentirse triste, o mejor permitirnos sentirnos así, porque es nuestro derecho. Porque, aunque socialmente no esté bien visto, el 80% de las mujeres sienten esta tristeza después del parto.

Esta sensación suele durar entre 10 y 15 días. Las causas son varias. La primera es la biológica, después del parto hay un aumento de los estrógenos y la progesterona, lo que influye, y de qué manera, en nuestro estado emocional. Y la segunda causa es la psicológica, la llegada del bebé genera un cambio radical en la vida de la mujer, lo cual genera un estrés considerable. El sueño se ve alterado, deja de preocuparse por ella para sólo pensar en el bebé. Además, el amamantamiento genera un gran desgaste físico y psíquico.

Puedo aseguraros que se pasa mal. Yo oía llorar al bebé cuando me quedaba dormida. Era un llanto tan real que me despertaba angustiada para ver que le pasaba. Y me ocurría en bucle. Hubo una noche que me tuve que levantar de la cama y pasearme por el salón de casa porque no era capaz de salir de ello. Cada vez que conciliaba el sueño me despertaba alterada.

Esto lo arreglamos mi marido y yo dejando que él durmiera del lado de la cuna. De esa manera yo conseguía relajarme un poco más.

Después de esto, las siguientes noches me despertaba buscando al bebé entre las sábanas. Bueno, me despertaba es mucho decir. Había días que yo no lo recordaba por la mañana. Estaba convencida de que le tenía al pecho y se me caía porque me quedaba dormida.

Por estos sueños nocturnos, durante el día estaba cansadísima, triste y  con muchas ganas de llorar. Con esto nos ayudó mi madre. Tres noches alternas se quedó ella al niño, y sólo me lo llevaba para que le diera de mamar. En aquel momento os puedo asegurar que me sentía la peor madre del mundo, sentía que aquella era mi responsabilidad y que estaba mal dejar que mi madre cargara con ello toda la noche. Pero os digo una cosa, viéndolo desde aquí, cuatro meses después os aseguro que volvería a hacerlo y posiblemente más noches. Ella estaba encantada de poder ayudarme y lo hacía y no sabéis como.

Los días después de que mi madre tuviera al pequeño con ella, yo era otra. Disfrutaba de él y lo cuidaba con mucho más cariño.

Todo esto pasa. No os agobiéis si estáis pasando por ello, es normal. Lo más importante es que habléis con vuestras parejas de como os sentís. Es aconsejable que os rodeéis de seres queridos en la medida de lo posible, pero sólo por aquellos que os resulten útiles, es decir, aquellos que os ayuden con el bebé o con lo que os haga falta. Todas aquellas personas que veáis que no ayudan sino todo lo contrario, ya sea por sus infinitos consejos o porque no hacen más que recalcar lo mal que hacemos algunas las cosas, sobran. Habladlo con vuestra pareja y que sea él quien se encargue de que no os atosiguen.

La depresión post-parto por otra parte se presenta más tarde. Puedes aparecer desde el mes y medio hasta un año después del parto.

Los síntomas son los mismos que he descrito arriba con la tristeza puerperal, sólo que más intensos y duraderos.

Tan solo un 15% de las mujeres lo experimentan y en este caso, la ayuda ha de ser profesional.

En cualquiera de los dos casos es importante buscar apoyos en nuestro entorno. Es importante que nuestra familia más cercana y nuestra pareja comprendan lo que nos ocurre y porqué nos pasa.

Además puede ser útil buscar apoyo en otras madres que esté pasando por lo mismo. Para ello hay grupos de apoyo en casi todos los centros de salud. Os animo a que les pidáis información sobre ellos a vuestras matronas.

Y no dudéis en contar con ellas si veis que esta tristeza permanece en el tiempo.

Para cualquier duda o ayuda, podéis contactar conmigo y os contestaré lo antes posible.

Lactancia materna

La OMS recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y a partir de ahí que se mantenga hasta que se pueda, como mínimo hasta los 2 años.

Esto sería perfecto siempre y cuando todas nosotras pudiéramos asegurar la alimentación total de nuestro bebé durante 6 meses dándole exclusivamente el pecho.

Lo primero que quiero decir a este respecto es que la lactancia materna, al igual que casi todo lo que rodea a la maternidad, es una decisión muy personal. Hay mujeres que deciden no dar el pecho y es tan respetable como aquella que decide darlo hasta los 3 años.

Hay otros casos, como el mío, en los que la madre decide dar el pecho, se esfuerza muchísimo por hacerlo, pero no puede ser.

Dar el pecho para mí era un objetivo a alcanzar, quizá el siguiente objetivo más importante después del parto. Era otra de esas cosas que tenía clarísimas antes de dar a luz. Yo quería dar el pecho exclusivo hasta los 6 meses.

Pero las cosas no son tan fáciles como nos las planteamos.
Nada más nacer Raúl y siguiendo las instrucciones de las matronas, me lo puse al pecho, pero debía estar demasiado emocionado con su llegada al nuevo mundo, porque no hizo ni ademán de probarlo.
A partir de ese momento, le fui poniendo insistentemente cada tres horas, fracasando en cada intento.

Menos mal que tuvimos en el hospital una matrona majísima en la planta que se encargó de ver que es lo que fallaba, y ayudarnos a solucionarlo.
En mi caso no fue posible darle el pecho sin pezoneras, ya que el pequeño tenía una boquita muy pequeña y mis pezones eran grandes.

La matrona del hospital al igual que la del centro de salud que me llevaba, me explicaron que había que poner al bebé al pecho cada tres horas y que cuando este se durmiera, es porque ya estaba saciado.
Así que así lo hacíamos.

Raúl estuvo tomando pecho exclusivo los 12 primeros días de su vida. Os puedo asegurar que fueron unos días horribles, porque el niño lloraba muchísimo, tenía cólicos y tardaba una eternidad en comer. Como ya os dije, tardaba cerca de hora y media en comer y a la hora y media volvíamos a empezar.
Además, al contrario que para otras madres, para mi dar el pecho no era nada agradable ni bonito, todo lo contrario.

A los 12 días le llevamos a la primera revisión con la pediatra y después de pesarle y ver que el canijo apenas había cogido 60 gr en esos días, nos mandó al hospital.
Si, habéis leído bien, 60 gramos en 10 días. Normalmente los bebés recién nacidos deben coger unos 20 gramos al día.

Así que en el hospital le hicieron alguna prueba, porque la pediatra le veía muy amarillo, y ante nuestro asombro nos quedamos ingresados, no por la bilirrubina que era lo que se sospechaba, sino por una infección de orina.

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Las infecciones de orina en bebés son bastante comunes, pero claro, esto no lo sabes cuando llegas al hospital y te encuentras con todo de sopetón. Muchas veces están provocadas, al igual que en los adultos, por deshidratación.

Nadie en el hospital te dice directamente que el problema que ha tenido el niño es una falta de alimento, evidentemente. Pero tú vas atando cabos y lo acabas entendiendo.
Os podéis imaginar el disgusto y la desesperación cuando te explican que el bebé está mal alimentado, que la leche materna no es suficiente y que hay que darle biberones para complementar su alimentación.

En ese momento, os aseguro que me sentí la peor madre del mundo, sentí que no valía para esto. ¿Cómo es posible que no hubiera sido capaz de ver que mi hijo pasaba hambre? ¿no se supone que las madres tenemos un vínculo especial con nuestro bebés desde que nacen y les entendemos?

Es una situación muy difícil, os lo prometo. Con alguna mami que lo he hablado, que pasó por la misma situación coincide conmigo. Es muy duro enfrentarse a esa situación y a ese sentimiento.

Así que nos tuvieron allí ingresados 10 días, en los cuales pesaban a Raúl antes y después de cada toma de pecho, para ver cuánto había mamado y nos traían un biberón para complementar cada comida. Bromeábamos con las enfermeras lo fácil que sería todo si tuviéramos un medidor en la teta, para saber cuánta leche bebía en cada toma. Si lo necesario en cada toma eran en aquel momento cerca de 90 ml, de mi pecho apenas salía, en la toma que más, 40.

Imaginaos la necesidad que tenía nuestro pobre hijo, que en los primeros días en el hospital cogió una media de 100 gramos al día.

Y así siguió siendo la alimentación de Raúl hasta que con un mes de vida, le ponía al pecho y me decía que trabajara yo, que a él le diera biberón que era más fácil.

Yo me seguí sacando la leche, no quería dejar de dársela por eso de que tiene defensas necesarias para su desarrollo y esas cosas.

Pero cuando apenas tenía un mes y medio se me retiró.

La conclusión a la que yo llego con todo esto, es que no hay que cerrarse a una opción ni obsesionarse con ello.

Hay veces que las cosas funcionan a la perfección, como es el caso de una amiga mía, que su bebé tiene ya nueves meses y no ha probado la leche de fórmula. Pero otras veces las cosas se tuercen.

Todas las posibilidades y opciones son buenas. A estas alturas de la vida las leches de fórmula está muy logradas y los niños crecen igual de sanos que con el pecho.

Lo más importante de todo, es no agobiarse. Las cosas salen como salen, y no pasa nada por no poder darle el pecho.

Sea por decisión propia o porque nuestro cuerpo no produce suficiente, o de buena calidad, al bebé no le va a pasar nada por no estar alimentado a base de leche materna. Que es mejor, sí, pero no es imprescindible.

Tanto en el parto como en la lactancia las cosas pueden no salir como planeamos, de hecho en la mayoría de los casos no sale como pensábamos que iba a salir. No pasa nada.

No sabéis lo que yo hubiera dado por queme hubieran explicado esto antes del parto. Posiblemente lo habría normalizado y no se me hubiera hecho un mundo con cada bache.

Espero que a vosotras os sirva.

Animaos y contadnos vuestra experiencia.

Plan de parto ¿para qué?

Time to birth

Cuando vamos a la matrona por primera vez, o al menos así fue en mi caso, ella nos propone que vayamos pensando cómo queremos que sea el parto, quien queremos que esté a nuestro lado… vamos, lo que ellas llaman plan de parto.

Esto del plan de parto es algo tan extendido que el ministerio de Sanidad tiene en su página web uno de unas 26 páginas si no recuerdo mal. Aquí os dejo el enlace por si os apetece echarle un vistazo:
http://www.msssi.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/pdf/equidad/planPartoNacimiento.pdf

Y ahí estás tú, con el embarazo recién comenzado, pensando en miles de cosas entre ellas como quieres parir.

En mi caso lo tenía clarísimo, un parto natural en el hospital. Yo no quería epidural, y estaba convencida de que no la necesitaría. Evidentemente en algún momento me planteé que si había complicaciones me tendrían que hacer cesaría, pero fue algo en lo que pude pensar 30 segundos a lo largo de todo el embarazo.

Pero como ya sabéis, nada sale como una se imagina o como a una le gustaría.

En la semana 32 fui a urgencias porque se me ponía la barriga dura como una piedra cada pocos minutos desde hacía unas semanas, suponiendo que me iban a mandar a casa y se iban a quedar los médicos pensando: “otra madre primeriza”.

Pero no fue así, me tuvieron que ingresar con una amenaza de parto prematuro. Estuve en el hospital 8 largos días en los que no me dejaban moverme más que para ir al baño (los primeros días ni eso).
Me llevaban en la cama a todos lados por el hospital y me enchufaban a las famosas cintas al menos 3 veces al día. Escuchaba el latir del corazón del bebé cada día unas cuantas veces, mientras contaba los días para llegar a la semana 34 y que el bebé no corriera tanto peligro si nacía.

Mi madre y mi marido, a mi lado en todo momento, iban tachando días en el calendario.

Después de 3 tratamientos diferentes y de haber madurado los pulmones del bebé prematuramente a base de corticoides, me dieron el alta, no sin antes explicarme tooooodo lo que no podía hacer.

Básicamente me mandaron a casa en reposo semi absoluto. ¿Qué es esto? Moverte lo mínimo posible para que no te dé una trombosis.

Vamos, exactamente lo que yo me imaginaba que iba a ser el final de mi embarazo cuando el predictor me dijo que esperaba un bebé.

Después de un par de semanas, ya llegando a la 36 y cada vez más tranquila por el nacimiento de mi pequeño, me dejaron empezar a hacer vida normal poco a poco.

Pero la paz nos duró apenas otro par de semanas, ya que en la semana 38 rompí la bolsa. Pero no fue lo que todas nos esperamos, romper aguas, empaparse y saber que es la hora. En mi caso la bolsa se me rompió por la parte alta, así que lo único que yo notaba al principio era como si mi flujo se hubiera vuelto más líquido y hubiera aumentado un poquito de cantidad.

Al tercer día así, me acosté a dormir la siesta y cuando me levanté me mojé bastante más y comprendí lo que me estaba pasando. Así que preparé las cosas, esperé a que mi madre llegara del trabajo (nunca he sido una histérica, pero esta vez me pasé de tranquila) y me dispuse a ir al hospital, pensando sinceramente de nuevo que me iban a mandar a mi casa.

Y allí que me quedé ingresada. Me pusieron antibiótico y me dijeron que en las siguientes 12 horas me tenía que poner de parto de manera natural y que si no era así me lo tendrían que provocar porque llevaba con la bolsa rota varios días.

Para todas aquellas que no lo sepáis, tener la bolsa rota es un riesgo grande para el bebé y para la madre, porque por esa fisura se pueden colar cualquier tipo de bacteria y generar una infección.

Así que allí me quedé esperando a que el gran momento llegara. He de reconocer que una vez me vi ingresada, me di cuenta de que aquello era real e inminente. Me acojoné un poquito para que vamos a mentir. Pero estaba preparada y concienciada para el dolor.

Y pasaron los plazos previstos para que me pusiera de parto y aquello no se iniciaba de ninguna manera.

Así que no quedo otra opción que provocarlo. Me pusieron oxitocina y me mandaron a la habitación a dilatar. Empecé con las contracciones, sinceramente muy soportables. Al cabo de 4 horas aproximadamente me llevaron a la sala de dilatación y cuando me miraron llevaba dos centímetros dilatados. A mi en aquel momento me pareció todo maravilloso. Lo había hecho sola y sin demasiado esfuerzo, así que estaba realmente animada para todo lo que venía después.

En aquel momento me pusieron de nuevo oxitocina pero esta vez en un gotero y me imagino que una dosis mayor para acelerar el proceso. Y aquí empezó el descontrol. Tenía contracciones larguísimas (hablo de varios minutos de contracción), muy irregulares, muy seguidas y cada vez más dolorosas. Después de otras 4 horas así, en la última sinceramente me quería morir, cuando me miraron apenas había dilatado un centímetro más.

Y aquí llegó el peor golpe que me llevé yo durante todo el embarazo, mucho peor que la amenaza de parto prematuro. Me tenían que subir la dosis, aquello no se podía alargar más por culpa de la bolsa rota durante tanto tiempo y el riesgo que esto suponía para Raúl. Y al subirme la dosis el dolor se iba a incrementar considerablemente. En ese momento, entre lágrimas por un sentimiento horrible de fracaso y de culpabilidad, me pusieron la epidural. Aquello tenía que avanzar rápido.

He de reconocer que después del disgusto no fue para tanto. Tuve la suerte de que la anestesista fue una profesional como la copa de un pino y me puso la dosis suficiente para que no muriera en el intento pero para que siguiera notando las contracciones, lo cual me dio la posibilidad de notar perfectamente las ganas de empujar y ser capaz de dar a luz a mi hijo por mí misma y sin ayuda.

Todo esto os lo cuento para que entendáis que hacer un plan de parto es un absurdo en la mayoría de los casos. Las cosas no van a salir como nos las imaginamos ni como desearíamos. Lo cual no quiere decir que vayan a salir mal, no me malinterpretéis! Simplemente van a ser distintas a como nos las planteábamos.

Después de todo lo que os he contado he de decir que para mí no ha sido una mala experiencia. Todo ello lo llevé muy bien, incluso la amenaza de parto, siempre fui muy positiva y pensé que si millones de mujeres en el mundo dan a luz yo también podía.

¿Y sabéis? Siempre, en todo momento, tuve muy presente algo que a mi abuela le dijo su madre cuando iba a parir a su primer hijo: “no pierdas fuerzas gritando, empléalas para empujar”

 

Seguimos aumentando las horas de sueño

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Muchas de vosotras me habéis pedido que siga explicando cómo aumentar las horas de sueño nocturno a nuestros bebés. Así que allá vamos.

Ya hemos conseguido que nuestro pequeño duerma doce horas divididas en tres tramos de cuatro horas cada una.

Ahora vamos a dar otro paso al frente y vamos a dividirlo sólo en dos tramos.

Si alguna empieza a hacerlo y el bebé se despierta mucho por las noches durante al menos tres o cuatro noches seguidas, que vuelva al paso anterior y espere un par de semanas para volver a intentarlo. Tenemos que tener en cuenta y muy presente que cada bebé es un mundo, y que no todos están preparados para hacer ciertos cambios a la vez.

La idea es la siguiente. Vamos a cambiar la toma de las 12 a las 2 de la mañana. Y haremos la siguiente toma a las 8. De este modo el bebé dormirá en tramos de seis horas y nosotros descansaremos mejor.

Imagino que a la mayoría de vosotras os pasa ya a estas alturas que el bebé no se despierta ni a las 12 ni a las 4, simplemente abre la boca cuando nota el contacto del biberón y se lo traga a buen ritmo y sin meter ni un ruidito. De hecho, Raúl en esas tomas no tenía ni un gas cuando le poníamos al hombro.

Si le estáis dando el pecho, que no es mi caso, imagino que os pasará semejante.

El truco para que esto funcione sobre todo los primeros días es darle en la toma de las 8 bastante leche. Evidentemente no vamos a embutir al niño/a, pero si normalmente le hacéis 150 ml de bibe, probad a hacerle 180 e insistid un poquito.

Quizá os parezca que estoy loca, pero yo se lo explico a Raúl mientras le doy el bibe. Le voy contando los cambios que vamos a hacer y que son mejor para él y por qué.

Supongo que no todo el mundo estará de acuerdo conmigo, como es lógico, pero sinceramente creo que es mejor para él, no sólo para nosotros. Al dormir más horas seguidas el bebé descansa mejor, y su estómago descansa también. El estómago de un bebé tarda aproximadamente 2 horas en digerir la leche, por lo que si os dais cuenta, trabaja alrededor de 12 horas al día, si el bebé como cada 4 horas, y apenas descansa dos horas entre digestiones.

Si el bebé duerme 6 horas seguidas entre tomas, evidentemente su estómago tiene más tiempo para descansar.

Si el bebé se despierta los primeros días a las 00.30 o 1, lo que es normal, le cogemos en brazos y le acunamos hasta que se duerma.

Ahora si os digo que le dormimos. ¿Por qué? Pues porque nos interesa que duerma hasta las 2, para que se acostumbre. Si le dejamos en la cuna para que se duerma solo como hacemos por la noche, el bebé simplemente se despertará más, no porque tenga hambre, sino porque sabe que le toca despertarse a esas horas.

Veréis que acunándole un poquito, el pequeño se quedará dormido en poco rato.

De este modo hemos reducido el número de tomas, ahora ya sólo le vamos a dar 5, así que no os sorprendáis si empieza a comer más en cada toma.

Perdonadme si os hablo siempre de biberones, pero es que en mi caso es lo que usamos. Si le dais el pecho el procedimiento es exactamente el mismo.

Los niños/as son listos/as, si les damos de comer 5 veces, llenan la tripita para no necesitar comer más.

Os aseguro que en nuestro caso, Raúl no ha llorado ni una noche con todo este proceso. Es cierto que tenemos una bendición de bebé, que no llora por nada, pero si hubiera pasado hambre, se por la experiencia de sus 10 primeros días de vida, que habría llorado como una magdalena.

De momento nosotros no hemos eliminado la toma nocturna. No recomiendan hacerlo hasta que el bebé tenga entre 4 y 6 meses y siempre como os digo, probando si el bebé está preparado.

Raúl cumple los 4 meses en 13 días, pero creo que esperaré un poquito más para intentarlo. Pero viendo cómo va aceptando los cambios de bien, no creo que tardemos demasiado.

Cuando lo haya hecho os lo cuento, y os explico cómo nos ha ido.

Y ya sabéis, aquí me tenéis para más peticiones y consultas.

 

Ellos en el post-parto

 

Este es posiblemente uno de los temas más importantes y a los que menos se presta atención.

No se puede perder de vista en ningún momento que antes de ser padres, éramos pareja. Eso no puede cambiar por que tengamos un bebé con nosotros.

Evidentemente, el primer mes o mes y medio, las relaciones sexuales no deberían existir, y aunque os apetezca, muy probablemente os resultarán incomodas o incluso dolorosas.

Según como haya sido el parto, puede llevaros más o menos tiempo la recuperación.

Pero que no haya relaciones sexuales no quiere decir que no podamos tener nuestros momentos de intimidad.

¿A qué me refiero con intimidad? Me refiero a un momento para nuestra pareja, para hablar de nuestras cosas, de cómo nos sentimos, de cómo llevamos la maternidad y la paternidad, para abrazarnos, besarnos, acariciarnos, sentirnos y darnos cariño.

Este rato de intimidad, hace que desconectemos por un momento y pensemos en nosotros, cosa que, por norma, se deja de hacer cuando nace el bebé.
Nos da tiempo para saber cómo está la otra persona, y como estamos nosotras. Muy probablemente, nos dé por llorar algunas veces, o por reír a carcajadas, es normal y sano.

Muchas mujeres con las que he hablado este tema me dicen: “No tengo tiempo, y cuando lo tengo me toca poner la lavadora o recoger la casa o… que luego vienen visitas y ¿cómo voy a tener todo así?” Y yo os digo a todas vosotras: no hay nada más importante en esos momentos que vuestro bebé y vosotros. La casa puede estar desordenada , y la lavadora no hay que ponerla todos los días. Las visitas que se las apañen. Quien vaya a veros recién paridas, de lo que no soy partidaria, tiene que entender lo que es tener un bebé y que la casa esté como está. Y a él que no le guste que no vaya.

No sólo nos afecta a nosotras la llegada del nuevo ser. No hay que perder de vista que ellos son padres, y que como tal sienten el estrés, la falta de sueño, el nerviosismo por no entender lo que le pasa al bebé.

Es importante que les tengamos en cuenta, y les dejemos participar. Ellos, en la mayoría de los casos, quieren acunarle, ayudarle a dormir, bañarle, achucharle y en definitiva formar parte de todo ello. Y a parte de lo importante que es que les permitamos ser padres, que tienen el mismo derecho que nosotras, esto nos libera un poco y nos permite descansar y retomar el aliento.

Sé por experiencia propia lo difícil que es dejarse ayudar al principio. Yo tenía la sensación de que era egoísta si permitía que mi madre se quedara con Raúl un rato para que nosotros durmiéramos la siesta. Me sentía mala madre. Fijaos que tontería. Pero como ya comenté en otra publicación , las hormonas después del parto están revueltas y no nos dejan pensar con claridad.

Los primeros días yo no llevaba muy bien la maternidad, me sentía agobiada y cansada. A penas me había recuperado del parto y Raúl tenía muchísimos cólicos y hambre a todas horas (en otro momento os hablaré de los cólicos y el comienzo de la vida de mi pequeño) lo cual nos daba muy poco tiempo para descansar entre toma y toma.

Tardábamos cerca de hora y media en alimentarle y que sacara los gases, y a la hora y media teníamos que volver a empezar.

Recuerdo a mi marido, sinceramente preocupado por mí, queriendo alimentarle él a base de biberón sólo para que yo pudiera dormir y descansar más de hora y media.

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El pobre no sabía qué hacer por mí y cómo ayudarme.

Os cuento esto porque muchas veces no somos conscientes de cómo todo esto afecta a nuestras parejas, pero lo hace. Muchas veces estamos todos tan centrados en el bebé que no nos permitimos un momento para hablar y darnos cuenta de lo que necesitamos.

Nuestras parejas no sólo están bajo la presión de la llegada del bebé, sino que están pendientes de nosotras, de que estemos bien, de intentar ayudar… y muchas veces no se lo permitimos.

Yo os animo a todas aquellas que estéis pasando por esta situación actualmente, a que os dejéis mimar un poco y ayudar otro poco, a que les permitáis a los papis hacerse cargo un rato, os aseguro que os sorprenderán.

Nunca me hubiera imaginado que mi marido se pasaría la noche en vela nada más nacer nuestro pequeño, simplemente mirándole, acunándole y disfrutando de su existencia.

De verdad, apoyaros en ellos y dadles la oportunidad, pueden, deben y tienen derecho a ser buenos padres.