Cómo no desesperarse con un bebé

 

niño llorando

Hoy ha sido una de esas tardes en las que te dan ganas de tirar a tu bebé por la ventana, o regalárselo al primero que pase por delante de tu casa.

Y es que esta es otra realidad de la maternidad, no todos los ratos son maravillosos ni divertidísimos.

Esta tarde Raúl ha estado especialmente petardo, quejica, llorica… Algo a lo que no nos tiene acostumbrados para nada, creo que por eso me he desesperado tanto.

Desde hace unas semanas Raúl no duerme siesta después de la merienda. Es algo que él mismo ha marcado. Cuando queríamos acostarle por que pensábamos que ya le tocaba se peleaba por no dormir, cosa que como sabéis todas las que me seguís, no hace nunca, ya que se suele dormir solito. Así que decidimos que si no quería dormir no debíamos obligarle por que probablemente fuese por que ya no lo necesitaba.

Y así es, aguanta desde las 5 de la tarde hasta las 9.30 que se acuesta como un campeón. Lo cierto es que ya la última media hora suele estar cansadito y más quejica, pero nada más.

Pues hoy llevamos en esa última media hora desde que merendó a las 5. Y a eso hay que sumarle que mi marido está trabajando esta tarde, así que podréis imaginaros mi estado de ánimo.

Llega un momento en el que ya no sabes si dejarle llorar hasta que se canse o lo que os digo, regalárselo a la vecina.

Y es que cuando ya has probado con todo lo que se te ocurre… ponerle en la hamaca, tumbarle en el suelo boca arriba, tumbarle boca abajo, darle un muñeco, darle otro, sentarle al lado del perro para que le toque, ponerle en la cuna con el movil cantando… cuando has probado todo y nada funciona, ¿qué más puedes hacer?

En tardes como esta, piensas en esas madres (no hace mucho que salió la noticia de una)que tiran a sus hijos por la ventana y luego se suicidan… Y como no queremos llegar a ese extremo y espero que ninguna de vosotras lleguéis nunca, vamos a dar unas pequeñas claves para no desesperarse con nuestros pequeños.

Hay que tener muy claro que todos los niños tienen días malos cada cierto tiempo, es algo normal y que tiene que ver con el crecimiento. No es culpa vuestra ni de vuestro pequeño.

La primera de todas y la más fácil para aquellas que podáis, es buscar compañía de alguien cercano y de confianza para días complicados como estos. Si tenéis cerca a los abuelos de la criatura, o a alguna tía… dejad que os echen una mano.
Al no estar sola, el peso se reparte y el nivel de desesperación que se alcanza es inferior.
Hay que tener en cuenta, que cuanto más desquiciadas estemos nosotras, peor estarán nuestro pequeños, ya que perciben ese estado de ánimo y se contagian de él.

Por eso es importante intentar mantener la calma y tomárselo con la mayor alegría y serenidad posible.

En nuestro caso no tenemos la opción de acompañarnos, ya que vivimos lejos de nuestras familias, así que intentamos mantener la calma y respirar profundo. Siempre manteniendo una sonrisa en la cara, deseando que se le contagie algo de alegría.

Es evidente que debemos probar todas las bazas posibles. Cantar, jugar con ellos, hacerles toda clase de monadas… Al final de lo que se trata es de que salgan de ese bucle en el que entran de quejidos y llantos. La realidad es que si conseguimos sacarles de ahí, si conseguimos que empiecen a divertirse y a sonreir, todo el mal rato habrá pasado.

Si con todo esto no solucionamos nada, que a veces pasa (como a mi esta tarde…) lo siguiente que os aconsejo es que les adelantéis un poco la hora del baño. No vamos a bañarles a las 6 de la tarde si se acuesta a las 9, pero si podemos adelantárselo hasta tres cuartos de hora. Lo que vamos a hacer es dedicarle más tiempo a ese rato que sabemos que es agradable para ellos.

En lugar de desnudarles corriendo, dedicadle un poco más de tiempo, jugad un poco con ellos mientras les quitáis la ropa y disfrutad de ese remanso de paz.

Al bañarle lo mismo, en vez de hacerlo en 10 minutos, alargarlo todo lo que podáis.

Así nuestros pequeños están entretenidos y disfrutan con nosotras de su rato favorito del día.

Al igual adelantaremos todo lo que venga detrás. Las cremitas, el biberón… y la hora de acostarse.

No pasa nada si en un día malo acostamos a nuestros pequeños un ratito antes. En mi caso, esta noche Raúl se ha ido a dormir unos 20 minutos antes.

Pensad que estar enfadado todo el día es muy cansado, incluso para los adultos. Veréis lo rápido que se duermen después de una tarde de berrinches.

Y una vez que nuestros pequeños estén acostados y dormidos… Respirad! Respirad profundo y relajaros. Mañana será un nuevo día, seguro que un día alegre y feliz con nuestros bebés. Todo ha pasado. Dedicaos tiempo a vosotras mismas y a volver a vuestro estado de ánimo normal. Daos una ducha o un baño, tomaos una cerveza y eso os relaja. No hagáis la cena, cenad cualquier cosa…

No todos los días son así, y este es uno menos de los que nos van a tocar vivir. Así que alegraos por que ya ha pasado. Mañana será un día mucho mejor!